El café de Indonesia ganó fama gracias al kopi luwak -o café de civeta-, una rareza de café obtenido de granos que, tras ser ingeridos por la civeta (un mamífero de aquella zona), pasan por su tracto intestinal y luego de ser expulsados son procesados hasta llegar a ser un producto premium. Más allá de esta curiosidad, Indonesia es uno de los mayores productores de café del mundo: está cuarto detrás de Brasil, Vietnam y Colombia, y fue gracias a sus cafés que Europa y América pudieron disfrutar y producir las semillas en cantidad.

En 1602, el gobierno holandés consiguió unas semillas del restringido monopolio árabe de África y los llevó a Indonesia cuando la isla formaba parte de su colonia de las Indias Orientales. Las plantas de café se introdujeron en Batavia (hoy Yakarta) en 1696, y fue en Java donde tuvo su mayor desarrollo. El café de Java tiene un sabor venerado por los amantes de la infusión; es fuerte, picante y dulce, gracias a su ubicación, a gran altitud, entre selvas tropicales y montañas volcánicas.

En 1711, las primeras exportaciones de café fueron enviadas de Java a Europa. El primer embarque fue de 450 kilos. Y diez años más tarde, la exportación ya había alcanzado los 60.000 kg. Originalmente, se cultivaba solo en Java, pero en 1870, los holandeses expandieron las áreas de cultivo a Sumatra, Bali, Sulawesi y Timor. En la década de 1880, una plaga acabó con gran parte de las plantaciones que eran de calidad arábica y los holandeses decidieron utilizar variedades más resistentes como libérica y robusta. La mayor producción de café de la isla se encuentra en Sumatra.